Como diría la Grandísima Alaska, grande porque la considero buena en lo que hace aunque a veces no se sepa qué es y no porque se haya comido 5 bollos de más. La emulo con una de sus canciones:
Mi indiferencia natural, curtida en mil batallas contra la pereza. Borra del mapa todo amor, porque en mi vida todo acaba como empieza. Y en plan travesti radical "le doy la espalda" a cualquier muestra de tristeza, melancolía o decepción, felicidad o tentación todo podría ir a peor...
Mientras tanto miro la vida pasar...
La vida, como una rueda que da vueltas constantemente por el bosque muerto de la realidad, oscura la naturaleza muerta, ya, desliza sus tenebrosas ramas para arropar el desecho emocional que son nuestros cuerpos moribundos caminando en busca del final. El final de aquel brumoso lugar, que no llega la luz.
Posiblemente está detrás de aquel árbol, o quizás tras de aquel, o quizás no... Pero lo seguiré intentado, soy así. Si me caigo me gusta levantarme y no que me levante, si me preguntan contesto (mas si no lo hacen callo por decoro al silencio y por dejar de lado la estupidez de la palabra), si me intenta matar no muero pues sólo es un intento, y así ya se por donde vendrá la próxima flecha...
Es así, simple y complicado, como un cuadro de Picasso expuesto en el Reina Sofía nos deja verlo con la pureza de un niño, en blanco e ilusionado, y nos permite delirar es sus fatuos colores; para luego conectar el audífono y encontrarnos con la realidad cubista de la época de la opresión y el pseudoformalismo.
¿Es entonces un silogismo decir que la vida es como un cuadro de Picasso que asemeja pues, una naturaleza muerta?
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