1 de septiembre de 2010

Nos encantan las mentiras si están dichas de verdad




Qué tiene el ser humano, qué se guarda en su incandescente cabeza cubierta de nieve primaveral. Tienes bajo tus ojos el encanto de la mentira polar, y la esencia del fuego. Cómo puede ser que en ti albergues tal contradicción. 
Envuelves tu lánguido cuerpo de mentiras contemporáneas, venerando el dinero, sofocando el deseo con aguas que no quitan la sed, fumando te las doctrinas de los antiguos pensadores y jugando a recomponerlas con el humo que se proyecta tras de tu boca. Choca Platón con Nietzsche y juegan al amor enfermizo más allá de lo real, Haces que baile Descartes con Smit sólo por unas monedas; y generas así una atmósfera de realidad pintada en gris. Es por tanto, humano, que creas tú, tu realidad. Entonces ensalzas las virtudes éticas y morales (o morales y éticas nunca supe cual era mejor...) de vivir en la verdad, luz que disipa todo duda, toda oscuridad. Luz artificial, fuego en la caverna, vela en la mesa, candil en la pared, bombilla en tu cabeza... Cómo osas a abrir los ojos en esa luz tan corrosiva, esa luz que TÚ has creado para TI, humano. Jamás otra especie se vistió de con los trajes de lo justo,per se, para elevar la cabeza de forma impúdica. Y te sorprende verte envuelto es tus propias telas.

Pues es la mentira una extensión lógica de la verdad, un artefacto antiguo como el veneno de la serpiente, igual de efectivo, e igual de efímero. Aunque donde se creo la más alta de las purezas también se dejó una esquina sin barrer. La mejor esquina, dicen algunos. La mentira es el fruto dulce de las mentes inquietas, que regalan a quien les quiera oír; y necios, vosotros, humanos, las oís y os regodeáis en ellas porque os encanta que os mientan, y más si lo dices con sinceridad: engaña el amante al decir te quiero, pues no quiere más que el reflejo que proyectan los ojos del amado, y es pues, él mismo; miente la flor cuando nace porque no avisa que morirá aun sabiéndolo que nace cada primavera. Miente el poderoso a su pueblo, diciéndole que es el pueblo quien gobierna, pero nunca tocan tus manos, humano, dicho poder; miente quien quiere mentir y escucha quien quiere escuchar, mas nadie se libra de tal máxima...

Yo, que soy humano, me dejo engañar... o engaño... o me dejo engañar... Quizás nunca he sido sincero y siempre he dicho la verdad.






Me siento como una bombilla antigua que fue fabricada sin 
wolframio. Siempre dije que iba 
para luz de neón...





No hay comentarios:

Publicar un comentario