– Átomos. En el inicio solo éramos átomos, que se movían por
el inmenso cosmos solos. Aburridos de su soledad empezaron a viajar buscando
otros elementos, cuando se encontraban chocaban por aquello que denominaron
inercia, y de tal inercia se generaban fuertes energías. Tan potentes que de su
pasión concebían una estrella. Y así, de su necesidad de no estar solos se creo
el universo. – ¿Entiendes?. – Dijo Paula con los ojos entre abiertos cegados
por el sol. – Algo así nos ha pasado, yo estaba distraída, mirando hacia atrás,
contando el tiempo que faltaba. Cuando has aparecido tú, y tu mirada se ha
clavado en mí, desde ese instante lo he sentido. Se ha detenido el tiempo, han
sido decimas de segundo. Seguro. Pero para mí ha sido una eternidad, he podido
entrar en ti y navegar por el azul de tus ojos; creo que hasta he naufragado en
la isla de tu pupila. – Repite Paula para sí misma, naufragar en tu pupila. Y
sigue hablando – Y tu sonrisa. La he notado. He visto como replegabas los
labios y dejabas ver tímidamente tus dientes; pareciera que te hubiera gustado.
Así de simple, al verme. Un instante. – ¿Me escuchas, verdad? Le dice Paula –
A lo mejor te es difícil de entender que en un cruce de miradas haya podido
sentir por ti esa complicidad que no he sentido por nadie, nunca, o bueno, más
bien hace mucho tiempo que no la he sentido. Pero ha sido así, creo que eres
tú, ¿me oyes?
La mano que aprieta a Paula, debilita su presión poco a
poco. Pero Paula no lo entiende como un descenso del interés. A lo lejos el
ruido de sirenas cada vez está más próximo. Más próximo. Están encima. La
ambulancia aleja a Paula y la ponen junto al coche, la miran los ojos y están fijos
en un punto, idos. Otros sanitarios se apresuran atender al muchacho que esta
tendido en el suelo, bañado en sangre. A penas tiene pulso, a penas vive. Le
miran las pupilas, permanecen fijas en medio de unos iris azules.
– Ha muerto – Dice un hombre de amarillo. Paula le mira y
sin mover los labios deja escapar:
– Ha sido atracción física, pura y dura atracción física.
Como lo átomos, ¿sabes?
¿Cómo contener la atracción física que empuja a mis átomos a no querer separarme de ti? Puede que la química tenga la respuesta.
ResponderEliminar