"El pueblo estaba muerto; las camas vacías y heladas. Sólo se oía el zumbido de
las líneas eléctricas y de las dinamos automáticas, todavía vivas. El agua
desbordaba en bañeras olvidadas, corría por habitaciones y porches, y nutría las
flores descuidadas de los jardines. En los teatros a oscuras, las gomas de mascar
que aún conservaban las marcas de los dientes se endurecían debajo de los
asientos"
Crónicas marcianas.
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