Dijiste:
"Y aprendimos a mirar con la duda entre los dedos y atientas. Descubrimos que al final, las palabras que no existen nos pueden salvar... Sin hablar".
Y entonces jamás me volviste a hablar.
Ahora creo, que nos salvamos. Aunque, a veces, en lugares apartados en mi cabeza, cuando no me oye mi cosciente imagino que se te durmie la lengua, porque la noche calló en tu paladar. Y por eso, sólo por eso; no me hablaste más.
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